jueves, 6 de febrero de 2014

¿Para triunfar en la vida hay que ser un gran manipulador?


Me parece muy interesante lo que nos cuenta la psiquiatra Marie-France Hirigoyen:
“Vivimos en una época histórica en la que el único método para triunfar en la vida es la manipulación de los demás. Nos utilizamos unos a otros como si fuésemos las piezas de un tablero que, cuando dejan de servir a nuestros fines, simplemente los dejamos de lado”.

Los abusos de debilidad son una forma de violencia psicológica que debido a su repetición sistemática se acaban convirtiendo en una forma de abuso moral o coacción traspasando las fronteras de lo aceptable.
Características del perfil prototipo de los buenos manipuladores:

-Megalómanos. Se trata de personas que construyen una imagen desmesurada de sí mismos creándose un mundo fantástico, de acuerdo con sus deseos de grandeza y omnipotencia. Son seguros de sí mismos e intentan en todo momento dar la impresión de fortaleza.

-Seductores y finos estrategas. Como manipuladores saben adaptar su comportamiento, pero también sus principios y valores, en función de sus víctimas.

-Mentirosos con un claro dominio del lenguaje. Son expertos en deformar la realidad mediante las mentiras parciales y el juego del doble lenguaje, puesto que controlar el discurso es una forma de controlar el pensamiento.

-Ausencia de escrúpulos. Los tabús morales no existen para los “buenos manipuladores”, puesto que conciben a los demás no como una persona digna de respeto o compasión, sino solo como un objeto más o menos útil.

-Tener la necesidad y el objetivo de servirse de los demás. Para ello utilizan la presión y el acoso verbal mediante la insistencia y la repetición continua hasta que sus víctimas acaban cediendo.

Para Hirigoyen vivimos en una contradicción constante puesto que “nunca tuvimos tantas libertades como ahora, pero al mismo tiempo nunca hemos estado tan manipulados”

Hay un abuso de la debilidad.

No podemos aceptar todo lo que nos pidan. Debemos negarnos cuando sea necesario e imponer nuestro criterio.

De este modo, podremos construir una especie de defensa contra la manipulación. 
 El estatus de víctima no es irreversible y puede superarse con la voluntad de afrontar el problema.

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